MISCELANEA HISTÓRICA SOBRE EL MOVIMIENTO OBRERO Y EL FUTURO IDEOLÓGICO DEL MISMO (PARTE I)

Las problemáticas que envuelven en la actualidad a la sociedad, época en la que rigen el sistema neoliberal en el marco de la Globalización y la coyuntura surgida tras la aparición del COVID-19, no son muy distintas de aquellas que se daban en los S.XIX y XX, épocas donde también surgieron pandemias (Fiebre de la Patata, Gripe Española, SIDA) en un mundo que comenzaba a abrirse e interconectarse (Colonialismo, Imperialismo) y donde el sistema económico imperante también protegía en mayor medida al mercado frente al humano (Liberalismo Clásico). De igual modo, vemos como las sociedades de los distintos países se dividen en élites y masas, y también vemos como las problemáticas, procesos y coyunturas mencionadas afectaban en mayor medida a las masas sociales. Por tanto, no es de extrañar que, salvando las diferencias espacio-temporales, las reivindicaciones que las masas sociales pregonaban hace doscientos años sean, en esencia, las mismas que en la actualidad. Todo ello lleva a que en el presente existan debates muy crispados entre aquellos partidos políticos que defienden los intereses de las élites sociales y los que defienden los intereses de las masas, como muestra claramente el panorama político español, y en este contexto, tanto aquellos jóvenes como adultos pertenecientes a las masas que no han participado usualmente de la política pero tienen inquietudes por poder hacerlo, se muestren confusos sobre qué es lo que defiende, realmente, la izquierda política. Y no es para menos, examinando el amplio espectro que existe y que, en esencia, se divide en tres grandes bloques de partidos: PSOE, Unidas Podemos, y los Regionalismos-Separatismos de izquierda como ERC o Bildu. Pues bien, la mejor forma de entender qué defienden algunos de estos partidos ha de encontrarse en la misma historia del movimiento obrero internacional, es decir, hace 220 años aproximadamente.

¿Y porqué hemos de remontarnos tan atrás en el tiempo? Posiblemente, porque las diferencias sociales son tan antiguas como el hombre, pero los conceptos de izquierda y derecha política de la modernidad son de esta época. Si nos remontamos más atrás, ya anunciaría Whitfoggel en sus teorías con respecto al Próximo Oriente Antiguo que las primeras ciudades-Estado de la historia se formarían debido al control de los recursos hidráulicos por parte de las élites, en detrimento de las masas, utilizando como instrumento controlador a la religión. Y también los hermanos Tiberio y Cayo Graco, en apariencia, podrían ser interpretados como los primeros políticos de la antigüedad que, en la propia época romana, trataban de corregir los abusos de los poderosos frente a los plebeyos mediante reformas agrarias; como incluso puede comprenderse erróneamente que la Jaquerie y el Flandes Marítimo fueron románticas luchas sindicales en el pleno Medievo, y que Bonhomme Jacques pudo haber anticipado a Lenin en sus presupuestos en varios siglos. Pues nada más lejos de la realidad, y por una razón muy simple: ni las élites entendían completamente de qué se trataba el concepto de capitalismo o mercado, cosa de la que se encargará Adam Smith siglos más tarde, ni las masas sociales tenían concepto de clase o llegaban a olvidarlo con el paso del tiempo. No será hasta que Hegel, con su dialéctica, y la Revolución Francesa, con sus hechos, aparezcan, cuando realmente podamos hablar por definición de dos bandos políticos: Izquierda y Derecha. ¿Porqué se llaman así? Ello se debe a cómo se sentaban los representantes del pueblo y de los lores en la asamblea revolucionaria de 1789, estando sentados a la derecha del presidente asambleario quienes defendían las prerrogativas reales y aristocráticas, y a la izquierda quienes defendían los intereses de las masas sociales o Tercer Estado. Ya nos estamos adentrando en el terreno, y en el momento en que comenzará la historia real del movimiento obrero, en concreto en 1811.

El lugar, como no puede ser de otra forma, es Inglaterra. Aunque en la actualidad relacionamos socialismo con Cuba, Korea del Norte o Rusia, fue en tierras de la Gran Bretaña donde comenzó el movimiento, ya que en este lugar se iniciaría la Revolución Industrial, el nacimiento de la gran industria moderna y, por tanto, de los Proletarios. Estas familias, quienes dejaron el campo (Éxodo Rural) en busca de una mejor fortuna en las industrias modernas, se encontraron con unas realidades muy diferentes: condiciones de trabajo en las que se daba división de tareas con el objetivo de trabajar al ritmo de máquinas, jornadas laborales de 14 a 16 horas diarias, salarios míseros, condiciones laborales y habitacionales poco higiénicas e insalubres, cosificación del trabajador, uso de mano de obra infantil y femenina al mismo ritmo que la masculina, y contrataciones libres que no se regían por ninguna legislación social o mercantil (inexistentes) provocaron que estos campesinos malvivieran hacinados en barrios marginales e insalubres de las ciudades, que la esperanza de vida al nacer fuese nefasta, que hubieran altas tasas de mortalidad infantil y nacimientos hasta el punto de formar proles para garantizar que al menos un hijo viviese en el futuro (de ahí la palabra proletario para definir a las masas sociales). Y, por supuesto, provocaron las primeras manifestaciones, y revueltas agresivas, por parte de los obreros, en la Gran Bretaña de 1811.

Pero ¿Entonces ya podemos hablar de socialistas o comunistas? Nada más lejos de la realidad. Los primeros teóricos y luchadores del movimiento obrero eran, digamos, tan bien intencionados como inocentes, o al menos, sumamente incapaces de ver la realidad como un todo y sólo se centraban en problemas y aspectos determinados. En estos 50 primeros años del S.XIX, y épocas algo anteriores, serán protagonistas varios personajes y movimientos de los que probablemente no hayas oído hablar. Por ejemplo, encontramos al Movimiento Cartista de William Lovett, quienes entre 1836-48 tomaron como sistema el escribir cartas al Parlamento Británico en las que exponían los problemas proletarios y exigían soluciones políticas y pacíficas, y en especial exigían la participación obrera dentro de la democracia británica, pues en esta época las castas bajas apenas tenían representación; para ello redactaron la Carta del Pueblo en 1837 reclamando el Sufragio Universal Masculino y el voto secreto. Otro ejemplo de movimiento obrero primitivo fueron los intentos del anónimo Capitán Swing y sus seguidores, quienes en el sur de Inglaterra formaron una pequeña revolución tomando como objetivos a los terratenientes, a sus cosechas, y a las aduanas y peajes, entendiendo que estas entidades eran responsables de parte de la ruina obrera. También vemos como el Movimiento Luddista nace bajo la ideología y acción del personaje de Ned Ludd, quien creía que la modernización de la industria y la apuesta por la tecnología provocaba que los empresarios necesitasen menos mano de obra, explotasen más a la existente, se generase paro y malas condiciones laborales y que, por tanto, la solución era destruir las nuevas máquinas y tecnologías nacientes para evitarlo.

Incluso hubieron otros personajes, no obreros sino empresarios o intelectuales de la época, como Robert Owen, de quien hablaremos más adelante, que plantearán la necesidad de la unión efectiva de trabajadores para poder presionar adecuadamente a los gobernantes de la nación; en esta tónica nace la idea, concepto y realidad de Sindicato, de forma que en 1824 nacerán las primeras Trade Unions, que tenderán a aunar fuerzas formando federaciones pequeñas y, más tarde, John Doherty culminará este proceso, primero formando la Asociación General para la Protección del Trabajo y, en 1830, impulsará la unión de federaciones sindicales bajo el Gran Sindicato Nacional de Trade Unions, donde también participó Robert Owen, y que llegó a aunar cerca de 500.000 miembros. De todos modos, estos eran los primeros vástagos del sindicalismo, aún por desarrollar.

Como vemos, aunque estos luchadores pretenderán culminar los mismos objetivos que más tarde plantearán socialistas, anarquistas y comunistas, entre otros, aun distan de ser tan ideológicamente completos o complejos como ellos. Podríamos intuir, aun así, que estas acciones de obreros provocaron que el gobierno británico pasase a tener en consideración sus peticiones y, por tanto, crease leyes que favoreciesen sus condiciones de vida y trabajo. Pues nada más lejos de la realidad; hasta finales de Siglo los gobiernos no comenzarán a crear leyes serias que mejoren las condiciones de vida del trabajador, de sus mujeres y de sus hijos, y se basaban en legislaciones atrasadas que en lugar de regular las asociaciones eran de carácter antiasociativo, es decir, represivo. Y como prueba de ello, antes de cerrar esta primera parte de la serie de artículos, vamos a exponer un fragmento de las Combination acts inglesas de 1800, la ley antiasociativa existente:

Sabido que un gran número de obreros y jornaleros… han intentado, mediante reuniones y coaliciones ilegales, obtener un aumento de salarios… se ha hecho preciso tomar medidas más enérgicas… imponiendo a los culpables un castigo rápido y ejemplar. Por tanto, se decreta que… todos los contratos y acuerdos hechos o firmados entre jornaleros manufactureros u otros obreros con el fin de obtener un aumento de salarios… o para impedir que cualquier persona pueda emplear a cualquiera que él piense que es apropiado para trabajar en su fábrica… será ilegal, nulo y sin validez. Y todos los … que sean declarados culpables de cualquiera de las citadas infracciones… serán declarados convictos, y encerrados en la cárcel.” Fragmento de las Combination acts de 1800.

(Las citas completas de referencia para consultar a través de este documento o que han sido consultadas serán expuestas en el último artículo).

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