La organización y división territorial de España (Parte I)

Evolución histórica desde la unificación bajo la Roma imperial a la Monarquía Hispánica de los Austrias.

La actual ordenación Del Estado español, es un tema candente debido a la constante polémica que le que suscita su configuración. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el desconocimiento a su formación y configuración, fruto de una evolución histórica, hace partícipe a desencuentros y falsas disputa que aprovechan, en muchas ocasiones, el populismo político nacionalista de ambos extremos para construir discursos de fácil oído y faltos de rigor histórico, y en la mayoría de los casos lejos de la realidad, máxime cuando en medio de estas disputas se entremeten la división de competencias y ámbitos de esferas de poder entre el Estado Central y las Comunidades Autónomas.

Aun cuando la integridad territorial de España es discutida continuamente por el nacionalismo periférico  (nacionalismo catalán, vasco o gallego) lo cierto es que España como territorio tiene una historia común que le ha llevado a organizarse de diferentes formas a lo largo del tiempo. Siempre ha convivido una tendencia centralizadora, especialmente acusada con la llegada de la dinastía borbónica, la construcción del estado liberal y una visión más regionalista, que empieza a tomar fuerza a partir del siglo XIX con la aparición de los citados nacionalismos, un fenómeno decimonónico común a muchas otras zonas de Europa. Lo que significa la construcción del mapa de España a través de los siglos, es el propósito de buscar aclarar y poner luz, en la medida de lo posible, a las raíces históricas que hay tras nuestras “fronteras” interiores.

España es heredera de un doble proceso, que engloba por un lado al medio físico, y por otro, a la evolución histórica, el devenir histórico que ha configurado el mapa actual del Estado español.

La configuración de lo que ha sido históricamente la península Ibérica ha respondido en  orden a su condicionamiento geográfico, sí por un lado al norte quedaba delimitado en el istmo por una barrera geográfica como son los Pirineos, no menos al sur, el estrecho significó otra barrera geográfica que limitaba el desplazamiento hacia la península. En el interior, el medio geográfico condicionó a través de la disposición Este – Oeste de la mayor parte de las barreras montañosas que existen (salvo el Sistema Ibérico, de disposición noroeste-sudeste, que delimitó a los reinos de la antigua corona de Aragón), así como de algunos ríos (Miño, Ebro, Duero, Tajo, Guadiana o Guadalquivir), la ordenación territorial, hasta configurar el actual mapa regional que sigue a grandes rasgos, la forma que presenta a modo de una malla reticular.

En cuanto a la evolución histórica, en realidad pocas  han sido las ocasiones en las que se ha podido observar históricamente la unificación política o administrativa de la península Ibérica. Los primeros qué lograron algo parecido fueron los romanos, qua a colación de la Segunda Guerra púnica, y después de finalizar la ocupación en la época del alto imperio con el emperador Octavio Augusto, fue quien al finalizar las guerras cántabras, logró la definitiva ocupación de la península Ibérica. Al igual que todo el imperio romano los territorios estaban divididos en provincias, y dentro de estas provincias, se ejercía el gobierno desde una capital, a su vez las provincias eran gobernadas por un pretor, procónsul o cónsul, dependiendo de la importancia estratégica o su conflictividad. En el caso de Hispania y a lo largo de su historia, estas estructuras de gobierno se fueron alternando a medida que la conquista del territorio se hacía efectiva.

 Fue también Octavio Augusto, quien modificó la división de dos provincias (Ulterior y Cisterior) de época republicana, en nueva división de tres provincias, para la Hispania que describió Estrabón como piel de toro, creándose así la provincia de Tarraconensis desde el centro al noreste, Baetica al sur, y Lusitania al Oeste. Mientras las provincias Tarraconensis y Lusitania eran provincias imperiales (lo que suponía que era el propio emperador quien nombraba a sus gobernadores), la Bética era una provincia senatorial siendo el senado el que nombraba los gobernadores de esta última.

Posteriormente, también bajo el influjo de Roma, Diocleciano hizo otra división más reducida de las provincias convirtiendo a Hispania en la vicaría Hispalensis y dividía la piel de toro en provincias más reducidas incorporando Gallaecia, Cartaginensis, Balearica y Tingitania a las anteriores Tarraconensis Baética y Lusitania. En cuanto a la ordenación territorial los romanos implataron en la península Ibérica, la red urbana con municipios, conventus y provincias, y la dotaron de una red viaria y portuaria que facilitó las comunicaciones y el desarrollo.   

Con la llegada de los pueblos germánicos volvió la fragmentación territorial administrativa política, qué posteriormente los visigodos intentaron unificar y qué con la definitiva expulsión de los bizantinos de la península Ibérica y el acorralamiento de los vascones al norte. La Hispania visigoda puede considerarse en muchos sentidos una prolongación de la Hispania romana. No hay que olvidar que los visigodos constituían una minoría asentada entre una inmensa mayoría de población hispanorromana a la que debían gobernar. Según Manuel Torres López, en sus estudios del derecho y las instituciones visigóticas, las divisiones administrativas se agrupaban en dos. Por un lado se encontraban las provincias del tipo “ducado”, que coincidían con las antiguas provincias romanas. Al frente se colocaba a un dux (nombrado de entre los grandes magnates). Tenía atribuciones militares y de administración de justicia, con varios condes (comes) bajo su autoridad. Por otro lado estaban las provincias del tipo “condados” procedentes de ‘los territoria’ -terrenos circundantes a las ciudades-, integraban varias fincas rústicas. Gobernados por un ‘comes territorii’ o ‘comes civitatis’. Eran territorios incluidos en las provincias-ducados, compuestos por latifundios de la Corona o los particulares.

A inicios del siglo VIII la crisis del reino visigodo va a provocar el hecho de la invasión y sustitución por emirato dependiente de Damasco a partir del 711 con la llegada de los musulmanes árabes y bereberes a excepción del norte montañoso que no pareció muy del interés de los musulmanes. La organización territorial de al-Ándalus, desde su conquista hasta Abd al-Rahman I, las fuentes escritas no hablan claro, pues no se sabe si perduró la antigua distribución territorial hispano-visigoda o sólo subsistió su estructura administrativa. Si aparecen poco antes del emirato Omeya los yund-s (distritos militares) son una de las primeras referencias que tenemos de la distribución territorial andalusí. Se pueden diferenciar hasta seis yund-s diferentes en la actual al-Ándalus. A partir de  Abd al-Rahman I comenzó a organizarse el territorio de al-Ándalus quedando distribuida en dos grandes unidades geográficas. La primera era la era la kura, la división administrativa básica. Su término geográfico podía coincidir con las antiguas diócesis o condados visigodos. Cada kura podía fragmentarse en aqalim (distritos), centralizados en los husûn, que se subdividían en ayza (partidos). Otra unidad territorial era el tagr, una marca fronteriza con los Reinos cristianos del norte. Se pudieron diferenciar al menos tres en época califal.

La formación de las monarquías cristianas en la edad media y su empuje hacia el sur fueron configurando una fragmentación reticular de la península hasta la formación de los cinco reinos. Originariamente partieron del Reino de Asturias y de la marca franca hispánica hasta formar el reino de León y el de Navarra, primero, y después, el Reino De Castilla, el de Portugal, y el de Aragón mientras al sur empezaba el agonizante fin de al-Ándalus. Reconquista y repoblación se han convertido con el paso de los años en explicación histórica como fenómenos de expansión y conquista, así como de colonización y repartimientos. Ponen las bases sobre la que será la distribución de la tierra, y que explica su actual distribución diferencial de norte a sur, de pequeñas y medianas propiedades, a los grandes latifundios que son la consecuencia de la evolución de esos procesos de conquista en diferentes momentos, y donde los diferentes protagonistas, desde los villanos de la frontera, las órdenes monásticas de caballería a la nobleza, se encargó de dibujar el panorama de la distribución de la propiedad actual.

Según el gran historiador medievalista Miguel Ángel Laredo Quesada en su obra ‘la formación medieval de España’ donde establece la importancia de este periodo al respecto “La España en la que vivimos hoy se hizo en aquellos siglos, en su territorio en sus regiones (solo Granada y Canarias son algo más recientes en su forma geohistórica) ningún otro período de la historia española tiene tanta importancia en estos aspectos pero además la conquista el dominio y la regionalización del territorio son solo el aspecto externo el más visible hay otros muchos más complejos y profundos sociales políticos culturales que hacen de la plena edad media el tiempo en el que nacieron o maduraron verdaderamente la inmensa mayoría de los elementos que componen la realidad histórica originaria de la España actual.”   

Con la unificación dinástica de la casa Trastámara se produce La Unión política entre la corona de Aragón y la corona de Castilla aunque ambas mantienen su administración con carácter independiente y de carácter  polisinodial. Se mantuvieron los órganos de forma independiente en cada reino así como su misma organización territorial antes de la unión dinástica.

Con la llegada de la casa de los Habsburgo se introducen los reinos de Castilla y de Aragón en la órbita imperial de la mano de Carlos V el emperador, y poco después con Felipe II el inicio de la monarquía  católica se concentró en Castilla. Sí bien se puede decir que la evolución político administrativa va a transformar la que fue la incipiente monarquía autoritaria de los Reyes Católicos en los diferentes reinos patrimoniales de los Habsburgos españoles qué mantuvieron un carácter régimen polisinodial como organización política vigente en la Monarquía Hispánica de los Austrias, cada reino tenía su propio orden jurídico y se gestionaba desde los distintos Consejos con funciones de gobierno en determinados territorios, casi autónomo de sus reinos, y los mantuvieron junto a las colonias bajo un régimen autoritario.

Bibliografía

Bosque, J. y Vila J. Geografía de España. Barcelona, España: Planeta.1989-92

Cámara, V. G.  La Organización territorial de España. Una reflexión sobre el Estado de la cuestión y claves para la reforma constitucional. Derecho político. 2018.

Constitución Española. Boletín oficial del estado, 29 de diciembre de 1978, num. 311, pp. 29313 a 29424.

Floristán, A. España, país de contrastes geométricos naturales. Madrid. Síntesis 1988.

Instituto Geográfico Nacional (IGN). www.ign.es

2 comentarios

  1. Gran artículo. Nada menos de esperar de un compañero de gremio. Me ha encantado leerlo, aunque hecho de menos más longitud para llegar hasta el S.XXI!!

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    • Estimado F. Manuel, en primer lugar, agradecerte tus amables palabras. no sé si has leído la II parte desde la el centralismo Borbónico hasta la España de las autonomías. Si es así, al final hago una reseña una próxima entrada alrededor de los contenidos desde una perspectiva más actualizada, donde se exponen diferentes opiniones a la situación actual, intentando reflejar los éxitos y las decepciones ante las expectativas levantadas. Eso será más adelante. Desde 1978 a la actualidad.
      Gracias nuevamente, un cordial saludo.
      J. Ramón Las Heras.

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