PROSTITUCIÓN EN TIEMPOS DE PANDEMIA

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Imagen obtenida de valenciaplaza, de la noticia: “Puig aboga por cambiar la ley para acabar con la prostitución”.

Parece ser que en una sociedad aparentemente tan “desarrolla” como es la de España, siguen existiendo temas tabús, y se siguen dejando de lado, problemas tan obvios y del día a día como es el claro ejemplo de la prostitución.

La prostitución, pese a no ser un tema tratado por la mayoría de nuestros políticos, ni estar en los planes actuales de reforma por parte del legislador, es un elemento característico de España, ya que numerosos estudios afirman y demuestran que España es el país de Europa con mayor demanda de sexo pagado, hasta tal punto que la ONU ha asegurado que España se posiciona como el tercer país del mundo en demanda de prostitución. Del mismo modo, las Naciones Unidas ponen de manifiesto que el 39% de los varones españoles, han pagado en alguna ocasión por mantener relaciones sexuales. Además, España mueve 18 millones de euros, en relación con la prostitución, cada año.

A todo esto, se le suma otro de los principales problemas relacionados con la prostitución, problemas que no tienen que ver ni con el consumo, ni con la regulación de este ámbito, sino que se centran en que España es también uno de los principales destinos del tráfico de mujeres.

Ante todo este panorama, antecedentes y sin mencionar los efectos tanto a nivel físico como psicológico, que produce el prostituirse, sobre todo, cuando se ejerce de forma forzada, resulta intolerable que en un país como es España no exista una mayor preocupación por el tema de la prostitución, ya que parece que no se intenta dar una solución al problema, o al menos paliar los efectos negativos que puede traer consigo el ejercicio de dicha profesión. Por el contrario, en vez de hacer todo lo anteriormente expuesto, la tendencia en este país es la de obviar el asunto, cuando ya hay autores que afirman que la prostitución es una nueva forma de esclavitud moderna, debiendo destacar que ya encontramos países, como es el caso de Bolivia, donde la trata de seres humanos es considera un delito de lesa de humanidad.

¿Y en España?

¿Qué normativa regula la prostitución?, ¿Qué amparo tienen ralamente las personas que ejercen este tipo de profesión?

A mi juicio, pese a que nos encontramos ante la profesión más antigua del mundo, profesión que, se encuentra en auge por las situación económica que presenta el país, a día de hoy, la prostitución sigue siendo la profesión más abandonada y cuestionada por parte de todos los sectores de la sociedad.

Por ejemplo, a nivel legislativo, la normativa española solo castiga algunas formas de proxenetismo, y en muchos de los casos que se pueden penar, el que se lleguen a condenar a los presuntos autores del mencionado delito, es una tarea complicada por diferentes razones, como son: por encontrarnos ante casos en los que los proxenetas pertenecen a organizaciones transnacionales (circunstancia que complica la investigación), o por el tener que probar que la víctima se encuentra en una situación de vulnerabilidad para condenar a dichos proxenetas, además de tener que contar con los testimonios de las víctimas, ya que los tribunales son reacios a investigar un delito ante el cual no se conozca a la víctima como tal.

Ante el escenario anteriormente expuesto que, presenta España con respecto al tema de la prostitución, ligado a la profunda crisis en la que se ha sumergido el país como consecuencia de la aparición de la COVID-19, se ha podido observar, en este último año, un importante incremento de las personas que ejercen esta profesión, ya que han visto en esta práctica un medio para solucionar sus problemas económicos o la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran.

Además, es importante resaltar que no solo se ha producido un aumento en esta práctica, sino que las personas que ya ejercían esta profesión, denuncian que cada día sufren más agresividad, por parte de los proxenetas, ya que estos son conocedores de las dificultades que presentan estas personas y saben que en la mayoría de casos, harán todo lo posible por trabajar, sobre todo, cuando necesitan el dinero. Hay artículos que ya hablan de que la pandemia ha agravado las condiciones de vida de las mujeres prostitutas.

La prostitución, como sucede con otras muchas cosas más, es la gran olvidada en tiempos de pandemia en nuestro país, existiendo muchas razones que argumentan la pasividad de España ante dicho tema. Entre las diferentes razones destacan:

  1. Es totalmente incompatible las medidas de seguridad para protegerse de la COVID-19 (distancia de seguridad, gel hidroalcoholico, uso de mascarillas, etc.), con el ejercicio de dicha profesión. Para las personas que ejercen la profesión, no hay otra opción, pues temen más el hecho de pasar dificultades económicas o de no poder ayudar a sus familias, que el de contagiarse.
  2. La demanda de servicios sexuales pagados no ha decaído durante la pandemia. Se ha seguido manteniendo la demanda pero con otras condiciones de trabajo, ya que la pandemia ha traído consigo la bajada de precios de las tarifas sexuales, por lo que actualmente se practican servicios con precios que van desde 5 hasta 20 euros. Hay testimonios de mujeres que afirman que desde que llegó la COVID-19 a nuestro país, han pasado de facturar en un día de 500 a 600 euros, a tan solo facturar, y con suerte, 50 euros.
  3. La no regulación de la prostitución en nuestro país, solo ha empeorado la situación de las personas que la practican, porque al no ser una actividad regulada, estas personas no han podido dejar de trabajar en ningún momento, porque en ningún caso las ayudas ofrecidas por parte del gobierno para los trabajadores parados, en ERTES, etc., era un opción para las personas que se prostituyen.
  4. La falta de amparo y de medidas que regulen la prostitución en estos tiempos, hace que también aumenten las demandas de prácticas más peligrosas, ya que somos conocedores de que al perecer, el que paga puede demandar todo lo que le plazca aprovechándose, en muchas ocasiones, de la vulnerabilidad y necesidad de las prostitutas.
  5. Finalmente, nos encontramos con los casos de aquellas personas que trabajan en burdeles, y que son echadas ante el mínimo síntoma de la COVID-19, quedando ya sumergidas en una situación de total precariedad, volviendo a lo mismo, valga la redundancia, ¿Quién ampara dicho despido?

La única acción que se ha llevado a cabo en estos tiempos, fue la de cerrar los burdeles, sin embargo, el hecho de cerrar los burdeles no acaba con el problema, al contrario lo puede empeorar, agravando las condiciones de trabajo de las personas que se prostituyen, al desplazar la actividad hacia zonas más inseguras y en condiciones pésimas.

Las Naciones Unidas, han llegado a alertar de que “Millones de mujeres, niños y hombres, en todo el mundo están sin trabajo, sin escolarizar y sin apoyo social en la continua crisis de la COVID-19, lo que los deja en mayor riesgo de ser víctimas de la trata de personas”.

Me gustarían poner de manifiesto también, que ya hay países como Francia que penalizan a los consumidores de prostitución, porque los consideran cooperadores necesarios, ya que argumentan que el tráfico de seres humanos y la prostitución, son posibles porque hay quien compra sexo.

En conclusión, reitero que es totalmente intolerable la pasividad de este país con respecto a la prostitución. Ya no hablamos de que se tenga que prohibir el ejercerla o no, al final es un trabajo más y una forma de ingreso, cada uno puede elegir libremente si ejercerla o no, subrayando y haciendo hincapié en lo de libremente. El problema viene en que no es una actividad o una profesión regulada como lo son la mayoría, si entender el por qué, porque tiempo ya ha dado de hacerlo.

Al final, regulando la prostitución como una actividad laboral más, conseguimos muchas cosas, como: dificultar el camino a los que trafican con personas; garantizar la seguridad de las personas que la ejercen; evitar abusos por parte de los que emplean, así como por parte de los que pagan; y dotar a todos estos trabajadores de los derechos y garantías que también necesitan y deben de tener como cualquier otro trabajador, ya que, por ejemplo, siendo una actividad regulada, ya estarían estos trabajadores en el calendario de vacunación, ante el gran riesgo que supone su profesión, sin embargo, en ningún momento, pese al peligro que corren, se ha manifestado la intencionalidad de vacunar a dicho colectivo.

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